¿Cuáles son las principales desventajas de la GPEC para los recursos humanos?

La GPEC (gestión previsional de empleos y competencias) designa un método de gestión de recursos humanos que busca adaptar los efectivos, los empleos y las competencias a las necesidades estratégicas de una empresa a corto y medio plazo. Obligatoria para las empresas de más de 300 empleados desde la ley Borloo de 2005, esta iniciativa fue complementada por la GEPP (gestión de empleos y trayectorias profesionales) en 2017.

Sobre el papel, la GPEC estructura la anticipación. En la práctica, genera dificultades concretas que los equipos de recursos humanos a menudo absorben sin nombrarlas.

Obsolescencia de los referentes GPEC frente al ritmo de las transformaciones

El marco legal de la GEPP prevé una negociación trienal. Tres años es el tiempo teórico entre dos actualizaciones de los acuerdos. En la realidad, los oficios se transforman en ciclos mucho más cortos. Actores especializados como 365Talents observan que, cuando se reabre el expediente tres años después, una parte significativa de las descripciones de puestos ya no tiene relevancia operativa.

Los referentes de competencias se convierten entonces en documentos estáticos que no reflejan ni las evoluciones tecnológicas ni las nuevas necesidades en el terreno. Los recursos humanos se ven obligados a mantener una herramienta administrativa desconectada de la estrategia real. Esta discrepancia erosiona su credibilidad ante los gerentes operativos, que dejan de consultar cartografías ya obsoletas.

Para profundizar en este tema, se encuentra un análisis detallado sobre los límites de la GPEC en Future au Féminin, que describe precisamente este efecto de desajuste temporal en la gestión de recursos humanos.

Equipo de recursos humanos escéptico frente a un tablero de cartografía de competencias GPEC en open space

GPEC y lógica descendente: un freno al compromiso de los colaboradores

La iniciativa GPEC sigue siendo estructuralmente descendente. La dirección define las orientaciones estratégicas, el servicio de recursos humanos traduce estas orientaciones en necesidades de competencias, y luego los empleados reciben un plan de formación o movilidad. En este esquema, las aspiraciones individuales de los colaboradores llegan al final de la cadena.

Este funcionamiento plantea un problema concreto de adhesión. Cuando un empleado descubre que su puesto está clasificado como “en tensión” o “en declive” sin haber sido consultado sobre sus propios proyectos profesionales, la GPEC se vuelve angustiante. Los trayectos profesionales propuestos se asemejan más a asignaciones que a trayectorias elegidas.

Consecuencias sobre la retención del talento

Los colaboradores más cualificados, aquellos que la iniciativa GPEC busca precisamente fidelizar, son también los más sensibles a esta ausencia de co-construcción. Un plan de gestión de competencias percibido como impuesto lleva a algunos perfiles a buscar en otro lugar un empleador que valore su trayectoria individual.

La GEPP de 2017 intentó integrar esta dimensión al añadir la noción de “trayectorias profesionales”. En la práctica, muchas empresas simplemente renombraron su acuerdo GPEC como acuerdo GEPP sin modificar la mecánica descendente.

Costo oculto de la implementación de una GPEC para los equipos de recursos humanos

Implementar una GPEC moviliza recursos considerables que las direcciones subestiman regularmente. El esfuerzo no se limita a la negociación del acuerdo. Es necesario cartografiar los empleos existentes, identificar las competencias que posee cada empleado, proyectar las necesidades futuras, medir las brechas y luego concebir un plan de acción.

Cada uno de estos pasos se basa en la recopilación y actualización de datos a menudo dispersos en varias herramientas (SIRH, hojas de cálculo, entrevistas anuales, descripciones de puestos). Los equipos de recursos humanos dedican un tiempo desproporcionado a consolidar información heterogénea antes incluso de poder analizar nada.

Complejidad de las herramientas GPEC

Existen software dedicados a la gestión previsional de empleos y competencias, pero su implementación añade una capa de complejidad. La integración con el SIRH existente, la formación de los usuarios, el mantenimiento de los referentes: todo esto representa una inversión en tiempo y presupuesto que las pymes cercanas al umbral de 300 empleados absorben con dificultad.

Aquí están los elementos de costo raramente presupuestados en un proyecto GPEC:

  • El tiempo que los gerentes pasan validando las descripciones de competencias de sus equipos, a menudo varios días acumulados por servicio
  • La actualización continua de los referentes de oficios, que requiere una vigilancia sectorial permanente
  • Las formaciones internas para que los recursos humanos dominen las herramientas de análisis previsional y sepan interpretar las brechas

Ámbito regulatorio limitado de la GPEC: lo que no cubre

La GPEC se centra en la adecuación competencias-empleos. No aborda, o lo hace de manera muy marginal, la dimensión financiera de la gestión de efectivos. El costo salarial previsional, el retorno de inversión de las formaciones y el impacto presupuestario de las movilidades internas quedan fuera del ámbito estándar.

Esta laguna obliga a los recursos humanos a mantener dos iniciativas paralelas: la GPEC por un lado para anticipar las competencias, y el control de gestión social por el otro para gestionar los costos. La coordinación entre estos dos enfoques genera duplicidades y zonas grises, especialmente en lo que respecta a la formación.

Formación: un ángulo muerto frecuente

La GPEC identifica las brechas de competencias. Prescribe la formación como principal palanca. No proporciona un marco para evaluar si una acción formativa ha efectivamente cerrado la brecha identificada. Los recursos humanos se encuentran financiando planes de formación masivos sin un indicador fiable de su efectividad real sobre las competencias operativas.

Este problema se agrava cuando las evoluciones tecnológicas (automatización, inteligencia artificial) modifican las competencias requeridas más rápido de lo que los catálogos de formación se renuevan. La GPEC prescribe formaciones para oficios cuyo contenido habrá cambiado antes de que finalice el plan trienal.

Consultor de recursos humanos analizando un plan de implementación de GPEC exhibido en un pasillo de empresa

Riesgo de reducción de la GPEC a un ejercicio jurídico

El último inconveniente toca la naturaleza misma de la iniciativa. Debido a que es una obligación legal, la GPEC tiende a convertirse en un ejercicio de conformidad en lugar de un instrumento de pilotaje estratégico. Las empresas negocian un acuerdo para cumplir con el Código del trabajo, no para transformar su gestión del talento.

Los síntomas son identificables:

  • El acuerdo GPEC retoma las mismas categorías de oficios sensibles de una negociación a otra, sin una actualización real
  • Los indicadores de seguimiento miden la realización de las acciones (número de formaciones impartidas) en lugar de su impacto (competencias efectivamente adquiridas)
  • Los socios sociales validan un documento sin que los gerentes de terreno hayan contribuido a su elaboración

Cuando la GPEC se reduce a producir un acuerdo conforme, los recursos humanos dedican energía sin obtener valor decisional. La iniciativa se convierte en un costo neto para la función de recursos humanos, sin retorno medible sobre el rendimiento colectivo.

La pregunta que queda abierta es la del paso de una lógica de conformidad a una lógica de uso, donde los datos de competencias realmente alimentan las decisiones de contratación, movilidad y formación en el día a día.

¿Cuáles son las principales desventajas de la GPEC para los recursos humanos?