
La ley n° 2025-268 del 24 de marzo de 2025 modificó el artículo L1 del Código Rural para inscribir la preservación de los setos, de los prados permanentes y del almacenamiento de carbono como orientaciones de política agrícola. Este cambio en el marco regulatorio obliga a repensar la manera en que los sistemas de producción interactúan con las estructuras paisajísticas, más allá de las simples medidas agroambientales.
Estado jurídico de los setos y prados permanentes: lo que cambia el Código Rural
Desde el 26 de marzo de 2025, los setos ya no se consideran únicamente desde un argumento de biodiversidad o paisajístico. El Código Rural les reconoce un papel explícito en el almacenamiento de carbono, la lucha contra la erosión y la infiltración del agua. El objetivo declarado es aumentar la longitud neta de setos para 2030, y luego para 2048.
Este aumento en la relevancia regulatoria cambia las reglas del juego para las explotaciones. La eliminación no compensada ahora expone a un riesgo jurídico concreto, donde anteriormente solo conllevaba una pérdida de condicionalidad de la PAC.
Los prados permanentes reciben el mismo tratamiento. El texto los vincula a la biodiversidad y al almacenamiento de carbono, lo que los convierte en un componente reconocido de la armonía entre la producción agrícola y los paisajes. Para los explotadores comprometidos en un enfoque de agricultura y paisaje, esta evolución proporciona una base jurídica sólida para justificar el mantenimiento de superficies no labradas.
Observamos que esta inclusión en el Código Rural va más allá de una simple señal política. Condiciona progresivamente el acceso a las ayudas y orienta los documentos de urbanismo locales hacia la protección efectiva de estos elementos.

Zonas agrícolas protegidas y documentos de urbanismo: asegurar el suelo
La preservación de los paisajes agrícolas se juega en gran medida en los PLU y PLUi. Las Zonas Agrícolas Protegidas (ZAP) constituyen una herramienta infrautilizada que permite santificar tierras frente a la presión inmobiliaria periurbana.
Una ZAP no congela la actividad agrícola, protege su continuidad espacial. La distinción es fundamental. La herramienta impide la fragmentación y la artificialización progresiva que fragmentan las tramas paisajísticas, sin imponer un modelo de producción.
En los territorios periurbanos, la competencia entre el uso agrícola y la expansión urbana sigue siendo el primer factor de degradación paisajística. Las herramientas de urbanismo (ZAP, PAEN, perímetros de protección de espacios naturales y agrícolas periurbanos) permiten abordar este problema de manera anticipada, antes de que la presión inmobiliaria haga imposible cualquier conciliación.
Recomendamos a los explotadores participar activamente en las fases de concertación durante la revisión de los PLU. La inclusión de una parcela en zona agrícola protegida se decide en esta etapa, y la ausencia de los agricultores en estos procesos a menudo explica el retroceso de las tierras cultivadas en la franja urbana.
Infraestructura agroecológica: concebir el paisaje como una herramienta de producción
La agroecología trata el paisaje no como un decorado a preservar, sino como una infraestructura funcional. Setos, franjas herbáceas, charcas, bosquetes y prados permanentes forman una red que proporciona servicios agronómicos medibles.
Las funciones clave de esta infraestructura:
- Regulación hídrica: los setos perpendiculares a la pendiente ralentizan el escurrimiento y favorecen la infiltración, reduciendo el riesgo de erosión en las parcelas aguas abajo
- Auxiliares de cultivo: los bordes semi-naturales albergan poblaciones de depredadores (carábidos, sírfidos, parasitoides) que limitan la presión de plagas sin intervención química
- Microclima: una densa malla de setos atenúa los efectos del viento sobre los cultivos y reduce la evapotranspiración en períodos secos
- Corredores ecológicos: la conectividad entre elementos paisajísticos mantiene la diversidad genética de las poblaciones de auxiliares y polinizadores
Un paisaje agrícola estructurado por elementos semi-naturales produce mejor que una parcela desnuda. Los datos del Observatorio Agrícola de la Biodiversidad muestran que el número de nidos de abejas silvestres ocupados se duplica prácticamente en cultivos biológicos en comparación con los cultivos convencionales. La diversidad paisajística, medida por la presencia de setos y bordes, influye directamente en la abundancia de mariposas e invertebrados del suelo.

Integrar los edificios agrícolas en la trama paisajística
La integración paisajística no se limita a las parcelas cultivadas. En zona agrícola, la construcción de nuevos edificios de explotación está en principio prohibida, salvo excepciones. El CAUE de Bocas del Ródano identifica tres escalas de análisis para cualquier proyecto: el gran paisaje (percepción lejana), el paisaje intermedio (alrededores inmediatos) y la parcela misma.
La elección de materiales, tonos y de la implantación topográfica determina si un edificio se integra en el paisaje o lo degrada. Las plantaciones de acompañamiento (setos, alineaciones de árboles) permiten absorber visualmente volúmenes importantes sin recurrir a artificios costosos.
Etiqueta de bajo carbono y valorización económica del paisaje agrícola
La etiqueta de bajo carbono ofrece un mecanismo de financiación para las prácticas que asocian producción sostenible y preservación de paisajes. La plantación de setos, el mantenimiento de prados permanentes y la reducción del trabajo del suelo generan créditos de carbono certificados y monetizables.
Este dispositivo transforma un costo aparente (mantenimiento de setos, pérdida de superficie cultivable) en una fuente de ingreso complementario. Para las explotaciones de grandes cultivos, la etiqueta de bajo carbono hace económicamente viable el mantenimiento de elementos paisajísticos que de otro modo serían eliminados bajo presión de rentabilidad.
La región de Gran Este, por ejemplo, ofrece ayudas que cubren hasta el 90 % del monto de los proyectos agroecológicos, lo que reduce considerablemente la barrera de entrada para los explotadores que desean reestructurar su parcelario.
La articulación entre un marco regulatorio reforzado, herramientas de urbanismo disponibles y mecanismos económicos como la etiqueta de bajo carbono dibuja un sistema coherente. Las explotaciones que anticipan estas evoluciones aseguran tanto su suelo, su biodiversidad funcional como su modelo económico.